quarta-feira, 2 de novembro de 2011

Un niño, vigilante del tesoro


Hace más de 150 años, un monaguillo de la iglesia de San Juan, en el centro de Saltillo, Coahuila, fue enterrado vivo con dos carretas de oro; el fraile lo sentenció a cuidar el tesoro eternamente, cuenta la leyenda. El religioso cumplió la orden de un sacerdote de asegurarse de ocultar la fortuna de la iglesia. Para que no hubiera “soplones” y no dejar testigos sepultó vivo al menor de seis años.

Desde entonces, la historia cuenta que el fantasma del niño a quien “bautizaron” como Juanito se aparece en el lugar donde ahora está El Museo de la Catrina, a veces al mediodía y otras a las 11 de la noche. Pero Juanito está enojado porque con la remodelación hecha a la casa taparon con una pared el área donde él jugaba, según reveló una médium, relatan Cyntia Fuentes y Érick Morales, propietarios del museo.

Algunos visitantes le han tomado fotos y otros afirman que Juanito los ha tocado. Entre tumbas y cruces de un panteón de rancho y más de 200 catrinas, en la calle de Allende sur número 720, en el centro histórico, Érick narra a los visitantes las historias de almas que habitan las viejas casonas y que espantan a sus moradores. “La Odalisca”, “El Tamalero”, “El Gigante Severo”, “Emparedados de la Cárcel”, “El Callejón del Diablo”, y muchas más.

Con papel maché, cartonería, pegamento, creatividad y talento, durante 15 años, Cynthia Fuentes y su esposo han creado mil 700 “calacas” y dos centenares de figuras de la calavera, que están en el museo y que son emblema oficial de la muerte.

Las estampas y siluetas de papel de “La Dama de Negro”, distinguida y elegante, fueron inspiradas en la creación de José Guadalupe Posada. Destacan en la colección la imagen de la pintora Frida Khalo; “La Novia María Clara” que representa a María Félix; “La Tía de las Muchachas”, una matrona de la época del porfiriato; “La Cabrona”, una revolucionaria, entre otras.

El Universal

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